Colegio Calasanz | Sus manos al servicio de la obra escolapia
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Sus manos al servicio de la obra escolapia

Sus manos al servicio de la obra escolapia

Enrique Huala, por 55 años auxiliar del Colegio Calasanz, cierra un ciclo cargado de recuerdos y un agradecimiento recíproco con la institución

 

Daniel Palacios Ybarra

 

70 años es mucho más que un número. Para el Colegio Calasanz cobra especial significado, por ser reflejo de una obra educativa con visión futuro. Pero también con una historia que nos respalda e invita a seguir adelante. Ahí tiene un espacio don Enrique Huala, quien por 55 años nos ha acompañado con la sencillez y la alegría que lo caracteriza desde su rol de auxiliar.

Este miércoles 25 de agosto, día de San José de Calasanz, don Enrique cerró un ciclo exitoso, que llena nuestro corazón de profundo agradecimiento. Por eso, en medio de una sentida ceremonia donde recibió el abrazo y el aplauso de todos, entre estudiantes, apoderados, compañeros y excompañeros.

Su primer vínculo con el colegio fue especial, a través del alimento que le daba a los más pequeños. “A mi cargo tenía más de 40 alumnos, todos cabros chicos”, cuenta don Enrique, quien era uno de los serviciales que les daba la comida. “Eran cuatro platos de comidas, entre ellos el postre. Cuando llegué al Calasanz tenía 400 y tantos alumnos, y cuando asumí el cargo en la Imprenta del colegio llegamos a ser más de 1.700 estudiantes”.

Nuestro establecimiento educativo ha tenido un sinfín de transformaciones físicas, muchas de ellas ejecutadas por don Enrique en su figura de auxiliar. El colegio se ha construido con sus manos. “Nosotros levantamos hasta los techos, además de instalar más de 600 metros de cañerías. Si vemos toda esa red de agua de los Kínder y los Prenkínder, pues esa fue instalada toda por mí, con la iniciativa de muy buenos sacerdotes que promovieron todo eso: el padre José Goyena, el padre Javier Pértica, rectores del colegio”.

 

Recordar entre aplausos

Conversar con don Enrique supone hacer un viaje en el tiempo, entre anécdotas, nombres y experiencias. “Conservo la amistad con Manuel Arroyo, a quien traje a trabajar al colegio. Sigue la amistad, pero como estamos viejitos no nos vemos casi, porque hay que cuidarse. Precisamente esta semana ayer hablé con él por teléfono. Él es uno de los grandes, así como Ciro González, muy servicial y muy dedicado ese cabro. Pasa lo mismo con Hernán Guajardo, portero del Calasanz, Manuel Devia, todas personas muy queridas”, comentó Enrique Huala sobre el personal auxiliar.

Con mucho afecto, de igual manera, recuerda a todo los educadores escolapios de distintas generaciones. “A Martita Muñoz, imagínese ¡la conozco de cabra chica!, que venía con su madre. El bibliotecario Valeriano Diez, un gran amigo, y Ángela Vernengo. La profesora Beatriz Yáñez le agradezco mucho todas las oportunidades que me ha dado e invitarme a participar de este momento tan bonito en los 70 años. Si algo tengo yo en el colegio es que me siento muy querido, porque me formé en el Calasanz. Lo llevo en mi corazón porque es mi gran orgullo, siempre con las ganas de hacer bien el trabajo y poder retirarme por la puerta grande como hoy está ocurriendo”, señaló don Enrique, visiblemente conmovido y entre lágrimas.

A su lado estaba Luis Huala, su hijo, también exalumno de esta institución, quien se despide agradeciendo el afecto recibido durante estos 55 años para su papá. “Tengo los mejores recuerdos de mi colegio, con los profesores Eduardo Muñoz y Luis Flores, que nos traen tantas vivencias hermosas. Mi papá quería salir por la puerta grande y hoy lo está haciendo, con Calasanz en su corazón”.

 

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