Colegio Calasanz | Julio 27 – Del Antiguo Egipto
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Julio 27 – Del Antiguo Egipto

Julio 27 – Del Antiguo Egipto

Todas juntas las maravillosas creaciones de Dios no callan ni en la mañana ni en la tarde. No callan tampoco los astros luminosos ni las altas montañas, ni los abismos de los mares, ni los manantiales de rápidos ríos, mientras nosotros cantamos nuestros himnos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Y todos los ángeles del cielo responden amén, amén, amén, poder, alabanza y gloria eterna a nuestro Dios, único dador de toda gracia, amén
Oración de un cristiano anónimo del siglo III

A cerca de 200 kms al sur de El Cairo, existió una ciudad de nombre Osirinco; allí llegaron a fines del siglo XIX dos arqueólogos ingleses y comenzaron a excavar; a la luz surgieron no solo los restos de la ciudad, sino literalmente kilos y kilos de papiros griegos de todo género, documentos oficiales, textos literarios, correspondencia privada, apuntes. Se piensa que hasta hoy la edición de esos manuscritos ocupa sesenta volúmenes. Entre ellos, había muchos escritos cristianos, no sólo textos neotestamentarios, sino también páginas de oraciones personales eclesiales como la que hemos propuesto.
El texto no necesita comentario. Quisiéramos que no sólo fuese recitado por los creyentes como himno de alabanza en un momento de oración personal. Sería también un modo para resaltar un acto de fe que un anónimo cristiano del siglo III proclamaba con todo su corazón. Sería como hacer continuar un respiro orante que atraviesa los siglos. Sería como superar el tiempo y el espacio y unirnos en la contemplación pura, en la alabanza gloriosa y en el amor alegre a tantos otros hermanos y hermanas nuestros esparcidos por el mundo y la historia, conscientes de las palabras de Jesús: “Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy en medio de ellos” (Mt 18,20).

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