Colegio Calasanz | Mayo 30 – Cuatro escenas
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Mayo 30 – Cuatro escenas

Mayo 30 – Cuatro escenas

Aire sereno cuando aparece el alba / y blanca nieve descender sin viento / ribera de agua y prado de cada flor / oro, plata, azul en los adornos.
Guido Cavalcanti

Son cuatro pequeñas escenas que se desarrollan delante de nuestros ojos; probad, leyendo despacio cada verso, a recrearlos por un instante. He aquí un alba luminosa con el aire limpio y primaveral. O una habitación cálida invernal y fuera de la ventana el aleteo sosegado y plácido constante de los copos de nieve. He ahí también un paseo estivo campestre con un arroyo que discurre lentamente y un prado salpicado de flores. Y en fin, un entrelazarse de esplendores y colores sobre un tejido precioso o en un palacio suntuoso.
Imágenes, ciertamente, de belleza y armonía, pero lo que quisiéramos remarcar de los versos del soneto “Belleza de mujer” de Guido Cavalcanti, poeta florentino del siglo XIII, es más bien la paz que estas escenas generan en quien las contempla. Un sentimiento y una alegría que apresurados y distraídos como somos, ya no sabemos disfrutar. Y así, olvidamos agradecer por tantos dones que se nos ofrecen y que pronto amontonamos o ignoramos. Respirar, caminar, ver, escuchar, son ofertas divinas cotidianas de las que no apreciamos el valor. Así, paisajes estupendos, rostros misteriosos y gentiles, obras admirables de arte, desfilan en vano frente a personas obnubiladas y grises, incapaces de recordar que “el hombre no vive sólo de pan” (aunque sea necesario), sino también de palabras, de realidades, de signos bellos y divinos. Las “maravillas” son tantas, sólo es que hemos perdido la capacidad de “maravilla”. Albert Einstein (1879-1955) escribía en el ensayo-testimonio “Cómo veo el mundo”: “Quien no sabe probar ni estupor ni sorpresa, está como muerto. Sus ojos están apagados”.

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