Colegio Calasanz | Luces deslumbrantes
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Luces deslumbrantes

Luces deslumbrantes

Abril 30 – Luces deslumbrantes.

De repente, al fondo vi una luz deslumbrante que me venía al encuentro a una velocidad loca. ”¿Dónde me llevas, Jesús?”, me parece haber susurrado en esa vertiginosa embriaguez. “A la casa del Padre”, sentí que se me respondía. Un momento después vi que era verdad. Desde entonces vivo allí perfectamente feliz.
Italo Alighiero Chiusano.

En 1995 moría este escritor, una figura muy apreciada por mí, ya sea por sus obras como por la amistad que compartí con él y que se había explicitado en su deseo de tenerme como – primer oidor de sus intensos relatos de Oraciones salvajes. Quiero recordarlo con la cita anterior con la cual Chiusano imagina la muerte de la mártir Perpetua, casi queriendo augurar para sí mismo un encuentro similar con aquel misterio que nos espera en la última frontera de la vida terrena. Se necesitaría ser capaz cada cierto tiempo de crear un oasis de silencio y descanso, haciéndolo convertirse en una parada ´para interrogarse sobre temas últimos, a menudo cubiertos bajo el manto de las demasiado cosas secundarias y banales.
Ponerse en el ángulo de la visión de la muerte, relativiza tantas realidades que consideramos capitales y decisivas, suspende rencores, demuele ilusiones. Esta es la función “negativa” purificadora y liberadora de la meditación sobre nuestro final terreno. Pero hay un aspecto positivo sobre el cual todas las religiones y en particular el cristianismo, han puesto el acento. La muerte no es un salto a la oscuridad, un estuario hacia la nada. Un disolverse en el polvo. Es un umbral abierto más allá el tiempo y del espacio, y allá se realiza un abrazo con aquel Creador de cuyas manos hemos salido. Es la imagen final de “El desierto de los tártaros”(1940) de Buzzati: “ el mayor Drogo hizo fuerza contra el portal negro y se dio cuenta de que los batientes cedían, abriendo el paso a la luz”

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