Colegio Calasanz | El ladrillo escondido
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El ladrillo escondido

El ladrillo escondido

Abril 28 – El ladrillo escondido

He pensado, Señor, en ese pobre ladrillo enterrado en la oscuridad, en la base de aquel edificio. Nadie lo ve, pero él hace su labor y otros tienen necesidad de él. Señor, no cuenta que yo esté en la cima de la casa o en los fundamentos, sino que yo sea fiel, en mi puesto en tu construcción.
Michel Quoist

Hubo años que tuvo cierto éxito, ligado a una sensibilidad particular y hoy fechada; ahora su presencia en la publicística espiritualidad divulgativa está muy empañada, pero la sencillez temática y la incisividad de su dictado pueden aún ofrecer cualquier apunte de reflexión. Se trata del sacerdote y escritor francés a cuyas oraciones hemos acudido hoy. La idea del ladrillo escondido que aguanta el peso de las fachadas suntuosas, de los mármoles espectaculares y de los adornos exteriores de un edificio, es ciertamente significativa. Lo es sobre todo para nuestros días, en los cuales el aparentar lo es todo.
Cuando en algún amanecer aún incierto o en una noche profunda me muevo por la ciudad, llegando o partiendo a cualquier viaje más largo, descubro siempre un hormigueo de personas que no son sólo los acostumbrados noctámbulos que vagan sin meta. Son, en realidad, conductores de tranvías, barrenderos, distribuidores de periódicos o de materias primas, técnicos, guardias nocturnos y policías y seguiría la lista. Es todo un mundo de gente oculta, pero necesaria para la vida misma de la sociedad. Detrás de los poderosos hay siempre una multitud de anónimos trabajadores. Y esto vale para tantas otras situaciones, a partir de las mismas familias, que sin el » “ladrillo escondido” de los padres que se comprometen, se desintegran. Seamos pues reconocidos a todos aquellos sostenedores secretos y busquemos también nosotros de – culalquiera sea nuestra posición en la sociedad – que no falte nunca nuestro ladrillo siempre necesario, sobre todo si está escondido.

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