Colegio Calasanz | De rodillas.
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De rodillas.

De rodillas.

Abril 19 – De rodillas.

Hay momentos en que cualquiera sea la actitud del cuerpo, el alma está de rodillas.
Víctor Hugo

Frase de por sí ambigua, la de la famosa novela Los Miserables (1862) de V. Hugo. Estar de rodillas, sea interior o físicamente, puede significar en verdad solamente un signo de sumisión al poder o de depresión reconociéndose derrotado, o por convertirse en adulador. Sin embargo, es esta una tentación frecuente y bajo las rodillas se coloca la propia dignidad y a veces incluso la decencia, pronta para convertirnos en siervos grasientos e hipócritas con tal de obtener aquella migaja de éxito, bienestar o poder tan ambicionada y soñada.
Sin embargo, el sentido que V. Hugo atribuye a su frase es antitético y positivo. No es necesario siempre hacer transparentar al exterior nuestro apoyo espiritual a una causa. Esto debiera ocurrir a la misma fe, que ciertamente tiene necesidad de signos externos, pero cuya raíz es íntima y profunda. El vano postrase en un culto grandilocuente y la arrogancia de un corazón soberbio están en contraste evidente. Honrar a Dios con los labios y tener el corazón lejos de Él, como anunciaba Isaías se burla de la religión. “Cuando extendéis las manos, alejo mis ojos de vosotros; aunque multiplicaseis las plegarias no las escucharé, porque vuestras manos están llenas de sangre; Lavaos, purificaos, cesad de hacer el mal, aprended a hacer el bien, buscad la justicia” (Is 1,15-17). Sólo así el alma está de rodillas, en adoración genuina agradable a Dios, a que el cuerpo esté empeñado en lo social, en el trabajo y en la cotidianeidad.

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