Colegio Calasanz | Un microcosmos
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Un microcosmos

Un microcosmos

Abril 13 – Un microcosmos.

El hombre que vive en contacto con la máquina y arriesga a convertirse en un prolongación de ella, es llevado a proponerse – aunque sea inconscientemente – el tema de la propia condición y dignidad que no es sólo un hecho económico. En la rutina de la fábrica, donde el hombre se reduce a ser sólo productor de bienes materiales, surge fuerte la interrogación en torno a la existencia del hombre y al sentido de la existencia.
Mario Pomilio

Así declaraba en 1975 después de la publicación de su exitosa novela El quinto evangelio, el escritor Mario Pomilio, a quien conozco y soy su amigo. La suya es una reflexión esperanzadora. En verdad, aquel hombre que está reducido al auto o al andar en el tablero de la sociedad, o a ser mero destinatario de mensajes publicitarios, al final tiene siempre un ramalazo de humanidad. Es la célebre frase de Pascal: “El hombre supera infinitamente el al hombre”. Tenemos un buen decir cuando decimos que puede ser reducido a consumidor, repleto de lugares comunes, alineado en la manada el conserva en sí siempre un sello de la divinidad.
Es la “imagen de Dios” de la que habla el Génesis ( 1,27) que lo lleva a amar sin cálculo, a donarse por un ideal, a interrogarse sobre el sentido de la vida, a penetrar el seno oscuro del mal, a sentir el remordimiento y el temblor del bien. Es sobre esta base constante que tiene sentido esperar en el futuro de la humanidad y comprometerse con ella. Y en esta línea deben colocarse las religiones para para hacer iluminar a la creatura humana con la posibilidad de una trascendencia, la fe en un más allá, la capacidad de creer y amar. El hombre no es una mera máquina biológica es un mikró-kosmós, un “pequeño mundo” como decía uno de los Siete Sabios, Demócrito de Abdera ( siglos V-IV AC).

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